En noviembre de 2008, el Tesoro norteamericano inyectó 20,000 millones de dólares en Citigroup, dentro de un plan de emergencia para evitar su quiebra. Previamente, Citigroup ya había recibido otros 25,000 millones de dólares, en concreto el mes anterior. Esta ayuda animó la cotización del banco con sede en Nueva York, cuya acción, debido a la incertidumbre generalizada sobre todo el sector financiero, había caído por debajo de los 5 dólares y además muchos clientes habían retirado sus fondos de la entidad.
Según el informe conocido en el día de hoy "la ausencia de un criterio objetivo para llegar a esa decisión tan importante genera preocupación sobre cómo tomar decisiones justas y con criterio ante situaciones de riesgo sistémico".
Artículo original en Bloomberg