Todo parece indicar que el consumo comienza a dar síntomas de recuperación, pero –de momento- hay que esperar. La minorista JC Penney registró un beneficio por acción de 11 centavos de dólar durante su primer trimestre fiscal, lo que supone una caída del 79% respecto a igual periodo de un año antes y los inversores penalizan a la firma con una caída superior al punto porcentual. Además, la mayor compañía del mundo de calzado y ropa deportiva, NIKE, ha anunciado el despido del 5% de su fuerza labora. En EEUU, el consumo supone dos tercios del PIB del país,

Gráfico Dow Jones
En el ojo del huracán continúa el sector automovilístico. General Motors(GM) –pierde un 0,8% en bolsa- podría estar acelerando medidas que le permitan acogerse a la ley de bancarrotas más pronto que tarde. El gigante del motor estaría a punto de cerrar un acuerdo con sus sindicatos que podría reducir sus costes laborales en más de 1.000 millones de dólares y rebajar el importe destinado a seguros médicos y de pensiones, según The Wall Street Journal. GM no es la única compañía que negocia una reducción de costes vía pólizas y el departamento del tesoro podría estar estudiando dejar a disposición de varias aseguradoras fondos del rescate federal. Así, varias fuentes cifran en 22.000 millones de dólares la inyección que podría recibir el sector.
Entre tanto, los inversores extranjeros del sector financiero comienzan a deshacer posiciones. El último: Temasek, que anunció la venta de su participación en Bank of America(BoA) –gana un 2,2%-. Una entidad que fue de las peores paradas en los test de estrés. No en vano, BoA tendrá que ampliar capital por valor de 33.900 millones de dólares. La banca necesita liquidez y BoA ya vendió la semana pasada su participación estratégica del 6% en China Construction Bank por 7.200 millones de dólares; pero no sería la única entidad en deshacer posiciones para conseguir papel. La banca estadounidense estaría intentando incrementar el ratio de fondos propios hasta un 8% (niveles anteriores a 2005), desde el 4% fijado en los tests de estrés, ya que durante los próximos dos años no será fácil incrementar dicho ratio a través de los ingresos, según Schroeders.