
Los datos económicos han confirmado la magnitud de la crisis propiciada por el confinamiento en los distintos países para contener el coronavirus. Eurostat informó de que el PIB real de la eurozona cayó un 3,8% en el primer trimestre, con una notable debilidad en Francia, Italia y España. El PMI manufacturero y del sector servicios se desplomaron en abril y registraron una tímida recuperación en mayo. Actualmente, la actividad manufacturera en la eurozona es tan débil como después de la crisis financiera global. La actividad del sector servicios ha caído a mínimos históricos, lo que implica que el PIB podría contraerse entre un 10% y un 20% en el segundo trimestre.
Con la reapertura parcial de la economía de la eurozona, la mayoría de los analistas prevé una recuperación en el segundo semestre de 2020. Aun así, es poco probable que volvamos del todo a los niveles de actividad previos al virus, ya que las previsiones apuntan a que el PIB de la eurozona se contraerá entre un 8% y un 10% en 2020, para después aumentar entre un 4% y un 6% en 2021.1
Los mercados financieros no descartan los riesgos de ruptura
Para los optimistas, la gran crisis económica derivada de las medidas de confinamiento por el coronavirus ha expuesto los límites de las instituciones legislativas de la eurozona y puede obligar a los políticos a implantar cambios, con el establecimiento de una unión fiscal que respalde la unión monetaria. Por el contrario, los pesimistas consideran que la magnitud de la crisis económica podría desencadenar una crisis existencial para la eurozona, y la UE en general, que podría desembocar en una fragmentación y puede que incluso en el colapso de todo el proyecto.
La Comisión Europea propuso recientemente establecer un fondo de recuperación de 750 000 millones de euros para ayudar a los países más afectados por la pandemia. Los 27 estados miembros tendrán ahora que ponerse de acuerdo sobre los pormenores del fondo, lo que podría llevar tiempo. Sin embargo, con el sólido amparo de Alemania, que está dispuesta a realizar una contribución financiera considerable, el fondo podría suponer un avance importante hacia una mayor integración en la eurozona y en la UE en general.
Las mayores primas de riesgo de renta variable en Europa sugieren que los inversores mantienen la cautela ante las perspectivas económicas y la estabilidad potencial de la eurozona. No obstante, un menor riesgo de fragmentación podría contribuir a reducir las primas de riesgo de renta variable en los principales mercados de Europa.

Sin embargo, no todo está perdido. Los gestores siempre han comentado que la volatilidad ofrece oportunidades, y esto es así. En un contexto complicado se pueden encontrar oportunidades de inversión interesantes, con la salvedad de que son oportunidades a largo plazo. Por valoración, Europa se encuentra a múltiplos muy atractivos respecto a otros mercados y respecto a su propia historia. Además, numerosas compañías europeas llevan a cabo una parte significativa de su actividad fuera de Europa, por lo que los principales factores de crecimiento de beneficios pueden estar más diversificados geográficamente.
