Ecosistema de la industria audiovisual en España: oportunidades de negocio en un sector al alza

La industria audiovisual está viviendo una nueva etapa de grandes transformaciones, tanto en la forma de consumir como en la de producir contenido. En el contexto actual de cambio todo permite presagiar que el mercado continuará evolucionando a ritmos acelerados y que las perspectivas de ingresos se mantendrán sólidas, al menos durante los próximos cuatro años, según el Entertainment and Media Outlook 2022-2026 España, elaborado por PwC.

La industria en España y el potencial de la animación

Un factor clave del ecosistema de la industria es el afán del sector público nacional para invertir y convertir a España en un polo de atracción de talento y producción audiovisual. El Plan “España Hub Audiovisual de Europa” puesto en marcha por el Gobierno se ha fijado la meta de incrementar la producción audiovisual en el país de un 30% para 2025. Los ejes de actuación: fomento y digitalización de las actividades, acciones de mejora al acceso a financiación de los inversores y aplicación de incentivos fiscales, eliminación de barreras administrativas y adecuación de planes de formación.

España es actualmente un centro privilegiado de producción audiovisual, industria que juega un papel clave en la economía. De hecho, es el sexto país de la UE en número de títulos producidos (por detrás de Alemania, Francia, Reino Unido, Holanda e Italia), según los datos del Observatorio Audiovisual Europeo. Aunque la producción de ficción de habla hispana sea tal vez el sector con mayores oportunidades de negocio, cabe destacar otro mercado al alza y que en los últimos años ha cobrado cada vez mayor protagonismo: el de la animación, tanto a target infantil como young adult. Segmento cuya facturación, según el ICEX, supera los 900M de euros y que está muy concentrado en tres comunidades autónomas: Madrid, Cataluña y Canarias.

Nuevos hábitos de consumo y tendencias

Cualquier actividad dentro del sector E&M está destinada a sufrir grandes cambios. El motor de cambio más global y pujante es la migración de la audiencia al consumo digital. Esta tendencia se ha incrementado a raíz de la pandemia de Covid-19, que ha disparado el uso de los servicios digitales. La consecuencia inmediata de esta digitalización es la fragmentación de las audiencias y de los canales.

A colación de esto, las ventanas de explotación de contenidos han ido cambiando: las grandes firmas del streaming han revolucionado las reglas, tanto a nivel de producción y distribución como a nivel de consumo. Ahora Pay TV, TV lineal, SVOD (Subscription Video on Demand), AVOD (Advertising Video on Demand), FAST (Free Ad-Supported Streaming) conviven y compiten a la vez.

Hasta ahora, el crecimiento de la audiencia en los servicios on-demand ha confirmado ser imparable: según el Observatorio Europeo, se prevé que las plataformas cerrarán el año con 140M de subscriptores. En términos de facturación, los ingresos globales de las OTTs alcanzarán los 224MM de dólares en 2027, de los cuales 45MM en Europa Occidental. Sin embargo, esta tendencia positiva abrumadora lleva a la necesidad de enfrentarse a una regulación común entre actores que operan en el mismo sector, pero bajo reglamentos diferentes.

La proliferación de plataformas OTTs ha multiplicado la oferta de contenidos audiovisuales, aunque todo apunta a que probablemente se producirá un reacomodamiento de la industria, con menos volumen de producción, pero de más calidad. Observamos como el SVOD está liderando la internacionalización de populares series TV y películas, impulsado principalmente por Amazon Prime Video, Netflix y Disney +. Sin embargo, el mismo SVOD ya se encuentra en fase madura y ya están aflorando ofertas híbridas, agregadores de contenidos y alianzas entre players competidores.

Entre las tendencias más relevantes que vislumbramos, se encuentra la mayor dependencia de la tecnología, lo cual está abriendo nuevos interesantes nichos de negocio. La revolución digital trae un nuevo cambio de paradigma al sector audiovisual y de ahí la importancia creciente que van a cobrar la realidad virtual, el metaverso, los NFTs y la tecnología Blockchain: todos ellos, a pesar de la todavía escasa penetración en el mercado, puede que cambien de manera drástica la forma en que las empresas interactúen digitalmente con los consumidores y la generación de ingresos a través de un control directo de sus IPs, reduciendo costes e intermediación.

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