Este miércoles, el Comité Federal del Mercado Abierto dará a conocer su decisión sobre los tipos de interés. ¿Crees que esta será la primera gran decisión del nuevo presidente de la Reserva Federal? Se ha comentado mucho que, al haber sido nombrado por Trump, podría actuar alineado con los deseos del presidente de Estados Unidos. ¿Cuál es tu opinión?
Yo no lo creo. Si estuviera en los zapatos de Kevin Warsh, no pondría en riesgo el lugar que podría ocupar en los libros de historia por un capricho del presidente Trump. Existen muchas razones por las que se puede argumentar que Estados Unidos debería reducir los tipos de interés. De hecho, soy de los que está convencido de que el país acabará bajándolos una vez se normalice toda la situación en el estrecho de Ormuz, porque la inflación terminará descendiendo. Sin embargo, con la información disponible en este momento, no existe ni la capacidad ni la lógica para justificar una reducción de los tipos. Por eso creo que la reunión concluirá con una decisión unánime de mantenerlos sin cambios y con un mensaje bastante vago, en el que se mencionarán los riesgos a la baja para el crecimiento derivados del shock energético, así como el hecho de que una parte muy importante de los consumidores estadounidenses atraviesa una situación complicada en términos de ahorro. Al mismo tiempo, también está presente el riesgo de que, si no se resuelve totalmente la situación en el estrecho de Ormuz y el precio del petróleo continúa subiendo, podamos entrar en un proceso de estanflación. En ese escenario, la Reserva Federal tiene el mandato constitucional de elevar los tipos de interés para mantener estables las expectativas inflacionarias.
La inflación en Estados Unidos ha caído al 4,2%, su nivel más bajo en tres años. Sin embargo, el conflicto con Irán sigue generando incertidumbre. ¿Cómo puede afectar esta situación a los mercados y a la economía global?
Si el estrecho de Ormuz no se reabre totalmente, las previsiones de varias firmas de Wall Street, respaldadas por analistas muy experimentados, apuntan a que para mediados de julio podría no haber combustible de aviación en los aeropuertos europeos. Es decir, podría escasear el jet fuel necesario para operar vuelos en Europa. Y hablamos de julio, una fecha que está prácticamente a la vuelta de la esquina. La razón es que el 40% del combustible de aviación que utiliza Europa procede de Oriente Medio. En este escenario nadie gana; todos pierden. Y hay un actor especialmente relevante en esta ecuación: China. Si China no puede venderle a Europa, su economía se desacelera. Es así de simple. Europa es el principal comprador de productos chinos y, si no dispone de combustible suficiente, tampoco podrá mantener el mismo nivel de actividad y consumo. En consecuencia, tampoco podrá comprarle a China.
SpaceX podría convertirse en una de las mayores salidas a Bolsa de la historia. ¿Qué impacto tendría para los mercados y para los inversores?
Hay un par de datos muy importantes para que se entienda la magnitud de esta operación. Cuando se complete la salida a Bolsa de SpaceX, las estimaciones apuntan a que surgirán alrededor de 5.000 nuevos millonarios en el mundo y más de 100 nuevos billonarios, es decir, personas con patrimonios superiores a los mil millones de dólares. El valor que SpaceX podría aportar a los mercados es impresionante. Estamos hablando de una operación valorada en 1,7 trillones de dólares en términos estadounidenses. Es una transacción gigantesca que, lógicamente, terminaría formando parte de los principales índices bursátiles. De hecho, creo que SpaceX será una acción que muchos inversores minoristas tendrán en cartera en algún momento. Ahora bien, quien piense en comprar SpaceX debe entender qué está adquiriendo realmente. La compañía cuenta con negocios importantes como Starlink y contratos con gobiernos, pero la inversión se basa, sobre todo, en creer en la visión de Elon Musk. Si alguien quiere mantener una perspectiva positiva sobre la acción, tiene que confiar en que proyectos ambiciosos, como una futura colonia humana en la Luna, puedan llegar a hacerse realidad. Si algún día hubiera un millón de personas viviendo allí, serían necesarios sistemas de transporte constantes, y SpaceX estaría en una posición privilegiada para proporcionarlos. Por eso, esta no es una compañía que pueda analizarse únicamente con las métricas tradicionales. Valoraciones como el PER resultan extraordinariamente elevadas si se observan los resultados actuales. Bajo esos parámetros, la recuperación de la inversión tardaría miles de años. Pero el punto clave es que los inversores no están comprando lo que la empresa es hoy, sino lo que podría llegar a ser en el futuro. En definitiva, invertir en SpaceX implica apostar por una visión de largo plazo y asumir un elevado nivel de incertidumbre. Quien se preocupe por movimientos diarios del 2%, 3% o incluso del 5% en una acción probablemente no encontrará en SpaceX una inversión adecuada.
OpenAI prepara su salida a Bolsa y la inversión en inteligencia artificial sigue creciendo con fuerza. ¿Estamos ante una oportunidad de largo plazo o frente a una posible burbuja?
Mucha gente compara la situación actual con la burbuja puntocom de principios de los años 2000, pero yo veo diferencias muy importantes. Quizás la principal es que los grandes hyperscalers, es decir, las compañías que proporcionan la infraestructura necesaria para desarrollar y operar sistemas de inteligencia artificial, generan beneficios y son extremadamente rentables. Ese es un factor relevante a la hora de analizar si estamos o no ante una burbuja. La realidad es que resulta imposible saberlo con certeza. Puede que lo sea o puede que no. La historia nos ofrece ejemplos muy ilustrativos. En 2001, las acciones de Amazon llegaron a caer un 95%, y muchos pensaron entonces que se trataba de un negocio fallido. Hoy sabemos cuál fue el desenlace. Lo que sí veo es una necesidad muy clara de inversión en infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. En los próximos diez años será necesario destinar cerca de un trillón de dólares —un billón en términos latinoamericanos— para desarrollar la capacidad tecnológica que requiere esta industria. Y en ese punto hay relativamente poca incertidumbre. Sabemos que harán falta más centros de datos, más capacidad de procesamiento y más infraestructura para gestionar el enorme volumen de información necesario para que estos modelos continúen evolucionando y mejorando sus capacidades. Además, desde mi propia experiencia profesional, la inteligencia artificial ya forma parte de mi trabajo diario. La utilizo constantemente, lo que refuerza mi percepción de que estamos ante una tecnología con aplicaciones reales y una demanda creciente.
Más allá de la inteligencia artificial, ¿hay algún mercado o sector que consideres especialmente atractivo para invertir en el contexto actual?
Creo que este año la bolsa de Brasil tendrá un mejor comportamiento que el S&P 500. También pienso que la bolsa de Colombia y la de Alemania superarán en rentabilidad al mercado estadounidense. Eso no significa que a Estados Unidos le vaya a ir mal. Mi visión sigue siendo positiva para ese mercado. Sin embargo, considero que, por valoración relativa, existen otras bolsas que ofrecen un mayor potencial de retorno en estos momentos. Esa continúa siendo, en líneas generales, la visión fundamental de la casa.