La aproximación teórica a los mercados con el fin de entender su funcionamiento tiene dos grandes patas diferenciadas la primera que nos permite conocer la situación y la segunda que responde a la herramienta adecuada que debemos utilizar para cada situación. El análisis o la pata que nos permite entender los mercados financieros tiene tres grandes enfoques que son el análisis técnico orientado a la detección de patrones en las cotizaciones, el análisis macroeconómico destinado al estudio e impacto de las grandes variables macroeconómicas y el análisis microeconómico o empresarial que se centra en el estudio de las empresas.

Desde mi punto de vista, estos enfoques o aproximaciones a los mercados no son excluyentes y son muy complementarios. Descartar uno de ellos o no dedicarle el tiempo suficiente me parece un gran error y nos impedirá tener una buena foto de los mercados. Pecan de falta de humildad el analista que identifica trazar una raya con hacer análisis técnico y el que descarta el análisis macroeconómico porque el mercado se mueve en la dirección contraria tras la publicación del dato de empleo.
A la hora de tomar decisiones estos enfoques diferirán y coincidirán en algunas ocasiones, no es malo y no es que dispongamos de visiones erróneas, debemos interpretarlo como un momento de “confusión” y el tamaño de nuestra posición en el activo analizado debe ser reducido o nuestro asset allocation equilibrado. Cuando los análisis apunten en la misma dirección, la visibilidad aumenta y las probabilidades de éxito se disparan, podremos aumentar el tamaño de la posición en el activo analizado y de esta manera desequilibrar el asset allocation.
Una vez que hemos identificado una situación de mercado y sabemos la forma de actuar gracias al análisis realizado, tenemos que adoptar una posición. Ahora es cuando entra la pata del conocimiento destinada a la selección del producto financiero o la herramienta con la que vamos a implementar nuestra posición. Elegir el producto financiero en función de su liquidez, posibilidad de apalancamiento, liquidez,… es una pata esencial. De esta manera conseguiremos desarrollar una estrategia de inversión que responda a las siguientes preguntas: ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuánto? y ¿cómo?
Ahora llega la pata del conocimiento que considero más importante en el aprendizaje y que determinará el éxito o no de un inversor, la experiencia. Ya lo dijo Miguel de Cervantes Saavedra en Don Quijote de la Mancha “Parece Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas”. Así es, la experiencia es la madre de todas las ciencias, y es que el conocimiento teórico puede ser adquirido a través de la educación pero la experiencia que concede una operativa y sentir en tus propias carnes los movimientos del mercado no se explica en ningún libro.
Uno puede ser un gran entrenador pero un malísimo jugador. Podemos ser un gran teórico, disponer de mil modelos válidos y una gran estrategia pero es incapaz de llevarla a la práctica y es que existe una gran diferencia entre lo que deberíamos hacer y lo que realmente hacemos. Fíjense lo que una vez dijo Benjamin Graham “El principal problema de un inversor, incluso su peor enemigo, es ser el mismo”. Así es y lo comparto plenamente, la mente humana no está diseñada para el mundo de la inversión y hay que trabajarla para conseguir el objetivo; vivir de la bolsa o sacar una rentabilidad a los mercados financieros.

Ir adaptando la estrategia de inversión a la experiencia que vamos acumulando es esencial. Las estrategias que mejor rendimiento y con mayor probabilidad de éxito otorgan son aquellas que más entrenamiento mental requieren y, por consiguiente, una mayor experiencia. Sin embargo, las estrategias que mejor se adaptan a los inicios del inversor son aquellas de las que se espera un menor rendimiento y a la vez tienen una menor probabilidad de éxito. El buen inversor conoce las estrategias más y menos rentables pero selecciona aquellas que mejor se adapta a su perfil porque sabe que el castigo mental de una estrategia no apta lleva a cometer errores que lo alejan de sus objetivos.
Existen trucos que facilitan el camino pero eso ya es otro tema.
